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viernes, 7 de septiembre de 2012

Algunas reflexiones sobre el modelo de país


Joseph Stiglitz, el premio Nobel de Economía, dijo algo que como peronistas nos hace entender que estamos en el buen camino: "Argentina supo redistribuir beneficios de exportadores y utilizarlos para el bienestar de los más perjudicados por la crisis del 2001"

De eso se trata. Escuchamos a muchos dirigentes rezongar porque en Argentina no se enfría la economía, aduciendo necesidades de control inflacionario. Argumentan que no hay  inversiones externas, pero reniegan de las políticas de incentivo al consumo interno. Yo me pregunto, si lo primero fuese cierto: ¿Quién va a querer invertir en un país sin mercado interno?, ¿las inversiones especulativas?, ¿esas que nos llevaron al vaciamiento de nuestra nación?

Tenemos que comprender de una buena vez que no se salva un país a costa de su pueblo. Esto sería un sinsentido. Ya esta probado que con ajuste tras ajuste lo único que se logró fue hambrear a nuestro pueblo, perder capacidad productiva, bajarla calidad educativa, exclusión social, marginalidad, inseguridad y todos aquellas problemáticas que actualmente se llenan la boca los mismos que propiciaron y defendieron estos modelos antipáticos y serviles al sistema financiero internacional. Y así lo abonaba Stiglitz“Los mercados financieros nunca se preocuparon por los pobres, y cuando hacen alguna mención explícita es porque tienen algún objetivo en mente".Y muchos años antes lo decía Don Arturo Jauretche: los propietarios de los bancos privados no son los depositantes, sino un grupo de financieros que controla el capital accionario, recoge los ahorros de los depositantes y lo dirige hacia los fines que interesan a ese grupo financiero.”

En los últimos años nuestro país se ha fortalecido a través de las políticas de desendeudamiento internacional, primero con el FMI y luego con la formidable reestructuración de la deuda con los tenedores de bonos. Y esta fortaleza nos hace independientes de los mercados financieros internacionales, sino cómo se explican los sucesos que acaecen en el primer mundo, dependientes de una burbuja financiera que les exige a los países realizar ajustes al pueblo para sostener a los mismos sectores que irresponsablemente causaron esta situación, ya lo hemos visto con los salvatajes a los bancos en toda Europa.

Es imprescindible que sigamos apoyando a este modelo de país, que nos planteó Néstor Kirchner inicialmente y que profundiza día a día Cristina: porque nada puede ser, sin políticas que sostengan el trabajo de su gente; que exijamos en el comercio internacional reciprocidad ante los planteos hipócritas de los grandes países que pretenden que abramos nuestras fronteras para el ingreso de bienes y servicios que atentan directamente contra el trabajo de los argentinos.

Pensar en producción nacional es pensar en un país más justo. Demandemos que el sistema financiero este al servicio del crecimiento del pueblo y no a la inversa, como lo ha hecho nuestra presidenta al instrumentar la obligatoriedad para que los bancos destinen al menos el 5% de sus fondos para el crédito a la producción.

Vivimos en un país (lo digo a pesar que suene a cliché)con uno de los territorios más ricos de la tierra, en donde no sospechamos todavía cuál es nuestro límite de crecimiento.Por esta razón debemos nosotros manejar nuestro propio destino o dicho con palabras de Don Arturo:”Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un Pueblo feliz.”

Concejal Leandro Martín
FpV San Isidro


viernes, 18 de mayo de 2012

La crisis de recursos municipales persistirá a las tensiones políticas


Por Diego Rossi *

“Vivir con lo puesto” dirían los ascéticos que quieren subsistir sin endeudarse ni rememorar patacones; “Producir (recursos) por lo mismo que se consume” dirían los cultores del equilibrio fiscal que como un corset se adoptó a partir de las recetas de austeridad post-crisis que propuso la Ley de Responsabilidad Fiscal, adherida casi como camino único por las Provincias y la mayoría de los municipios bonaerenses.

Discursos y posicionamientos
La letanía de ser “el contacto más cercano del Estado con el vecino”, y a la vez “los últimos orejones del tarro” en el reparto de la torta, aplica a los discursos sobre los gobiernos locales hasta el riesgo de ser devorados por la inmovilidad y la falta de iniciativas. Constituir un proyecto colectivo con mirada crítica o semi-funcional al poder de turno por lejos es la opción menos imaginada.
La relación recursos-gastos no ocupó los primeros planos de la agenda política, durante el extenso período de tasas de crecimiento de las economías locales en sintonía fina con el crecimiento nacional, y la realización entre 2003 y 2008 de un Plan Nacional de obras inédito y diversificado en agua, cloacas, pavimentos, plazas, accesos, escuelas, viviendas y reordenamiento urbano (recuérdese como antecedente a la limitada “máquina de hacer pavimentos” del gobernador Duhalde).
Los alcaldes previsores aprovecharon los años de relativa bonanza con poca inflación, para disciplinar algunas variables (como atar la recaudación de las principales tasas a los gastos en recolección de basura, alzas salariales, inversión y gasto en salud, mantenimiento urbano); empezaron a animarse a aumentar las tasas (después del reto de Néstor en 2007, que retrotrajo el impuestazo de Ituzaingó y otros, a cambio de transferencias discrecionales y discontinuadas). Pero pocos se acordaron de pensar y pregonar la autosustentabilidad municipal.
Ya en 2012, el crónico déficit que afronta el Estado provincial (altamente dependiente de la Nación, al menos desde los albores de la consolidación democrática) no le permite al Gobernador inventar conejos o pintar de naranja realidades complejas y evidentes.
De poco sirve ya al Ministerio de Economía provincial disfrazar de aumento en términos absolutos las transferencias de recursos a los municipios, cuando la última descentralización en recupero de deudas o gestión de impuestos data de 2002 y 2003, tiempos del Ingeniero Flotante Felipe Solá. No hubo voluntad de reconocer mayores competencias, amén de la simpatía o verborragia del funcionario de turno.

¿Es la coyuntura, amigo?
Si la teoría del “viento de cola” es una Zoncera probada para el modelo nacional (ver el tomo I de Aníbal Fernández), resulta al menos interesante su evaluación para la estructura tributaria y financiera de la Provincia de Buenos Aires. Fuertemente atada al ciclo productivo debido al alto porcentaje de recursos percibidos por Ingresos Brutos, y altamente cautelosa y nada progresiva en la actualización de valuaciones que fondean al Inmobiliario, la estructura tributaria bonaerense es casi tan sensible a la economía como la seguridad lo es a los noticieros.
El proyecto de ley que establece aumentos en varios impuestos y eleva las autorizaciones de endeudamiento al Poder Ejecutivo provincial consiste a esta altura en un paliativo, casi un placebo.
La crónica periodística dirá que “a pesar de que esas medidas vienen siendo reclamadas desde hace largas semanas por los intendentes del propio oficialismo, el proyecto quedó entrampado en la dura pelea política que se viene desarrollando entre la Legislatura”  (diario El Día, 5 de mayo).  Aprobado el proyecto, producto de un acuerdo de convivencia de “alianzas políticas negativas” sólo servirá para la coyuntura, prolongando el status quo.
Ya sabemos que el exceso de la emisión de bonos, que el megacanje y el súperblindaje no son soluciones estructuralmente válidas. Las ideas escasean para cambiar la situación de la Provincia, y los municipios están estancados o a la baja en el reparto de la masa tributaria (que nunca superó el dígito porcentual).
Deberá forjar el peronismo una corriente de opinión que priorice planes estratégicos al estilo “nueva YPF”, y permita poner energías en cuestiones estructurales de los habitantes de la Provincia, como el financiamiento de servicios universales (basura, saneamiento ambiental), la reactivación de soluciones habitacionales, la mejora educativa y la salud para todos.
A pesar de las máquinas de (des) informar, será un deber político construir políticas de Estado, también en la provincia de Buenos Aires.

* Asesor en comunicación política y modernización de la gestión pública.
Ex Secretario de Planificación y Economía de la Municipalidad de San Fernando.

sábado, 16 de octubre de 2010

(82%) Un mito

Por Alfredo Zaiat

El 82 por ciento móvil para las jubilaciones se convirtió en una cifra mágica. Los representantes de la oposición sólo unidos por la misma pasión argumentan que “el dinero está” para poder pagarlo. Los miembros del oficialismo replican que no existen fondos suficientes y que su cumplimiento derivaría en la quiebra del sistema. De todos modos, ambos coinciden en que se trataría de una medida justa para los jubilados.

Ante ese consenso, no resulta popular ni políticamente correcto considerar que ese 82 por ciento es un mito, que hoy no es sostenible en el tiempo y que reproduce la desigualdad de ingresos en la etapa pasiva. Si en lugar de buscar un mezquino rédito político electoral, la energía volcada en un proyecto de ley con destino de veto se hubiera canalizado a impulsar un alza de la mínima, el resultado habría sido una mejora concreta para la mayoría de los jubilados. Desde esa nueva base, con los dos ajustes anuales en forma automática por el índice de movilidad previsional, se hubiera avanzado hacia una más elevada “tasa de sustitución” (el monto de los haberes en relación al salario), que incluso podría superar ese mágico 82 por ciento. En el debate legislativo no existieron precisiones de la obsesión por esa cifra, puesto que también podría haberse definido en 90 o en el 100 por ciento. Sin respaldo técnico y sin consulta a especialistas, se aprobó una ley con discursos de escasa rigurosidad en aspectos previsionales básicos que no dejan de sorprender sobre la calidad del legislador.

El porcentaje del 82 por ciento se originó en una ley de 1958 y tuvo plena vigencia pocos años, en una historia previsional de más de cien. En un reciente documento del Instituto de Estudios Fiscales y Económicos se explica que la ley del 82 por ciento comenzó a ser deficitaria desde ese mismo año. “Una de las principales causas fue la colocación de fondos en títulos públicos a tasas de entre 4 y 6 por ciento, mientras que la inflación superaba el doble de esa cifra para el período 1958-1967.” En ese último año se cambió el régimen al establecer prestaciones máximas y mínimas, eliminando el 82 por ciento, fijando el haber en “el 70 por ciento del promedio de las remuneraciones de los tres mejores años computados en un período de 10 años”, indican los economistas del Iefe.

En otro informe, Una oportunidad para discutir una reforma previsional, elaborado por Luciano Cohan, Luciana Díaz Frers y Eduardo Levy Yeyati, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), se explica que esa tasa de sustitución se definió “cuando el sistema de seguridad social era genuinamente contributivo y de reparto y disfrutaba de condiciones excepcionalmente favorables: los jubilados eran pocos, los empleados formales, muchos, y las cuentas provisionales, superavitarias”.

Hoy el escenario laboral y previsional es bastante distinto. Por eso mismo señalan en forma provocativa, sin temor a caer antipáticos, que “una reforma previsional debería al menos cuestionar esta mítica cifra”. Al respecto, los expertos del Iefe indican que “dadas las condiciones demográficas actuales y el nivel de los aportes previsionales, para que un jubilado tenga un ingreso del 82 por ciento del salario equivalente al de su profesión durante su vida activa, la relación aportante/beneficiario debería ser de aproximadamente 3 a 1”. Hoy esa relación es la mitad.

Otro grupo de investigadores del Conicet, integrado por Julio Neffa, Demián Panigo, Emmanuel Agis y Nicolás Dvoskin, elaboró también un documento sobre los efectos de la ley aprobada en el Congreso, que incluye el 82 por ciento móvil y ajustes dispuestos por fallos de la Corte Suprema. Las conclusiones que se derivan de la evaluación de esa norma son contundentes, justificando el veto presidencial:
1. Hubiera aumentado la desigualdad en un 15 por ciento y reproducido la brecha del sector activo en el pasivo.
2. La jubilación mínima hubiese subido 37 por ciento, mientras que la media y alta, entre un 80 y un 1000 por ciento.
3. Entre 20 y 40 mil millones de pesos se hubiesen destinado a los sectores de ingresos medios y altos, no a los más vulnerables.
4. Hubiera regresado la inequidad de género, reparada en el último año por la incorporación de las amas de casa al sistema previsional.
5. Se obligaba a la Anses a desinvertir sus activos de manera anticipada y forzosa en sólo treinta días, generando una pérdida millonaria al Estado.

Esos expertos resumen que la ley “lo que buscaba es incrementar las jubilaciones medias y máximas. No tanto subir la mínima y, mucho menos, aumentar la tasa de cobertura previsional”. La ley del 82 por ciento aprobada por la oposición en Diputados y Senadores es regresiva, desandando el proceso de equidad de ingresos entre jubilados. Con la moratoria que incorporó al régimen jubilatorio a 2,4 millones de personas y con los 18 aumentos de la mínima desde 2003, el país alcanzó niveles de igualdad nunca antes registrados entre las mujeres mayores de 60 y los hombres mayores de 65, que son los grupos etarios en condición de jubilarse. “Así el sistema argentino es el más igualitario de América latina y generó que entre los ancianos haya menos desigualdad que entre los adultos”, apuntan esos economistas.

Otro de los mitos instalados en el debate público se refiere a “la plata de los jubilados” que la Anses tiene para hacer frente al 82 por ciento móvil y a los ajustes dispuestos por la Corte Suprema. Los investigadores del Cippec aclaran que el sistema de seguridad social “tiene fuentes de financiamiento en base a impuestos y aportes y destinos que exceden al universo de contribuyentes”. El pilar contributivo de los ingresos de la Anses contabilizó un déficit de 18 mil millones de pesos el año pasado. Esa diferencia fue cubierta por ingresos tributarios, que incluyen 20 por ciento del Impuesto a las Ganancias, 11 por ciento del IVA y 15 por ciento de todos los impuestos que se coparticipan con las provincias. Esa masa de recursos suma el 42 por ciento de los ingresos de la Anses.

Cohan, Díaz Frers y Levy Yeyati precisan que el gasto previsional insume el 32 por ciento del Presupuesto nacional y mencionan un aspecto casi ignorado en el debate político: la actual y futura estructura laboral y poblacional. Con el envejecimiento paulatino de la población, la cantidad de jubilados y el gasto previsional seguirá aumentando. “Sólo un incremento del empleo y los salarios y una reducción en la informalidad podrían atemperar provisoriamente esta tendencia inexorable”, señalan. Para agregar que “el notorio envejecimiento de la población fue acompañado en el tiempo por una extensión de los derechos previsionales que amplió la base de beneficiarios mientras los cambios en el mercado laboral (creciente desempleo, nuevas formas de contratación sin aportes, aumento del empleo informal y de la evasión, alta rotación laboral) redujeron, en términos relativos, la base de aportantes”.

Así se llega, a fines de 2009, a una situación en la cual 4,8 millones de beneficiarios de jubilaciones y pensiones reciben un haber promedio de 1067 pesos, financiado con el aporte de 8,2 millones de trabajadores, es decir, 1,7 aportantes por beneficiario. Ese cociente cae a 1,4 si se suman los más de 900.000 beneficiarios de pensiones no contributivas.

Los investigadores del Conicet agregan que el sistema previsional, además de jubilaciones y pensiones, atiende la seguridad social en su conjunto. “Esto refiere al mito instalado por la oposición y cierto sector de los multimedios donde se habla de ‘la plata de los jubilados’ y con ese argumento le exigen a la Anses la erogación de los fondos para solventar el 82 por ciento. Pero resulta que esa plata se utiliza para pagar jubilaciones y pensiones, pero también seguros por desempleo y asignaciones familiares.”

La ley del 82 por ciento que brindó el escenario para una nueva irrupción del vicepresidente en ejercicio de la oposición invita, en última instancia, a pensar en una reforma previsional que equilibre las demandas sociales con la obligación del Estado de no asumir compromisos incumplibles. Esto implica continuar en el sendero de mejorar las condiciones materiales de los jubilados que cobran la mínima admitiendo que el 82 por ciento, bandera de resistencia cuando se arrollaban derechos de los jubilados, es una cifra mito. El desafío que se plantea entonces sería mantener la tendencia de ampliación de la cobertura universal teniendo en cuenta la aún elevada informalidad laboral y continuar con la política de subir los haberes básicos garantizando la sustentabilidad del sistema previsional en el tiempo.

azaiat@pagina12.com.ar

viernes, 5 de marzo de 2010

Imaginario Kirchnerista

3.3.10

Hay cosas que son innegables del polémico kirchnerismo. A lo Sabatella: hay un piso. Y una de ellas son las cosas que dejarán como "legado", tanto en forma de ley-decreto, derechos adquiridos o en un cambio en el imaginario social. Más allá de los numeritos, de bajar la desocupación, de la macro, creo que algunas batallas que libró el kirchnerismo son rescatables más que nada por lo que dejan para posteriores análisis

Me pongo a pensar y me pregunto

¿Qué gobierno se va a animar a eliminar las asignaciones universales?

¿Qué clase de derecha va a eliminar la actualización automática de las jubilaciones?

¿Qué presidente va a reinstalar el discurso de "libertad de prensa" a grupos económicos que defendieron sus intereses con una lógica empresarial que desnudó la "libertad de empresa"?

¿Cómo revertís el cambio de mentalidad de mucha gente sobre como leer los diarios?

¿En qué mente entra la posibilidad de indultar a los milicos enjuiciados y encarcelados luego del 2011?

¿Se animará un De Narváez a tragarse el sapo de reprivatizar las jubilaciones, Aguas o Aerolíneas?

¿Estará Cobos a la altura para bancarse un ajuste económico, congelar salarios, cancelar paritarias, enfrentar a la CGT?

¿Logrará otro gobierno volver a hacer adicta a la Corte Suprema?

Se me ocurren algunas más, pero creo que se entiende en qué sentido voy. Es obvio que un gobierno de derecha va a desandar varios caminos empezados por el Kirchnerismo. Pero no sin ningún costo, no sin explicaciones, no sin resistencia. La batalla ya fue librada y ganó cierta posición. Ellos tendrán que dar la batalla de nuevo y ganarla.

A este gobierno le faltaron varias cosas. Alguno podrá decir que es un piso bastante bajo. Pero el piso está.

Por Martin http://homo-economicus.blogspot.com/2010/03/pensamientos-sueltos.html